18 October 2017

Siempre me ha llamado la atención la parábola del buen samaritano. Bajo la lógica de la ley humana, el hijo que se quedó tendría toda la razón. Es decir, no estaría de acuerdo que su padre haga tanta fiesta y gaste tantos recursos por aquel que se fue y dilapidó parte del patrimonio familiar. Es probable que este hijo fiel y trabajador nunca haya podido gastar todos esos recursos en una celebración propia y se siente mal por la “debilidad” y la “tibieza” de su papá para con el que regresa. Es decir, sólo piensa en sí mismo y en sus méritos alcanzados con su fidelidad, austeridad y trabajo arduo. Y muchas veces nos sucede esto a cada uno de los que intentamos conducir un negocio, ser justos en el trato cotidiano con los trabajadores o colaboradores (HIJOS). En particular, y aplicado en el mundo de los negocios, el papel de este hijo mayor, lleno de méritos, generalmente lo asume un trabajador que ha sido incondicional, probablemente acompañe al dueño desde el inicio; y se siente mal cuando aquel tiene un acto de misericordia con otro que se ha equivocado, o le premia ante un buen resultado. Son situaciones difíciles de manejar.

Poniendo al dueño en el rol del padre, las palabras del Papa Francisco aclaran de manera excelente: “Para la comunión es necesario imitar al Padre misericordioso de la parábola del hijo pródigo y esperar en casa a los hijos, los trabajadores y colaboradores que se han equivocado, y allí abrazarlos y hacer fiesta con y por ellos –y no bloquearse por la meritocracia invocada por el hijo mayor y por muchos, que en nombre del mérito niegan la misericordia.” Es cierto que asumir el liderazgo en un negocio, ser emprendedor, necesita de dosis altas de carácter, en ocasiones de mano dura; pero la autoridad hay que ejercerla con sabiduría. También usualmente, el emprendedor se vuelve “meritócrata”, pasa por tantos momentos difíciles y tiene que sortear tantos obstáculos, que piensa se lo merece todo. Pero, nos dice Francisco, debe ser misericordioso. Es como la famosa frase “una de cal y otra de arena”, hay que hacer ver la equivocación, más luego, perdonar y acompañar. Los trabajadores valoran mucho a este líder, asumen compromiso cuando ven se les trata como personas dignas y merecedoras de respeto; aun cuando se equivocan. ¡Y quién no lo hace! A veces somos el hijo fiel y otras el hijo pródigo que yerra.

Tenemos en Cuba muy mala cultura y actitud ante el trabajo. Las personas, en regla general, no valoran su empleo a plenitud. Será porque los salarios han sido muy bajos durante tantos años y en tantas actividades. Será porque existen muchas posibilidades de empleo. Pueden ser muchas las causas materiales, psicológicas, etc. que está haciendo tan difícil conseguir empleados fieles, comprometidos, que sepan realizar sus tareas y lo hagan motivados. Quizá haya que lograr salarios más dignos: pensemos en alguien que cobre más de $3000.00 CUP mensualmente (casi 120.00 euros). Sin embargo, muy cerca conozco casos que sus trabajadores cobran estos salarios, y aún existe una brecha grande entre lo que deben hacer y lo que hacen, sobre todo en el interés que les ponen a sus tareas.

Hacer partícipes a los trabajadores (hijos) en las decisiones, enseñarles con paciencia y amor cómo se necesita hagan sus labores, explicarles lo que se espera de ellos, premiarles y alabarles ante los demás, recriminarles en privado…son también acciones de un buen empresario, emprendedor, líder y padre.

Un buen empresario quiere ver felices a sus colaboradores, no sólo porque les alcanza su salario para mejorar su vivienda, irse de vacaciones a un hotel en Varadero con su familia, ayudar al vecino que lo necesita; sino porque se siente realizado haciendo algo útil y es tomado en cuenta. A veces se pasa más tiempo con los compañeros de trabajo que con la propia familia, es mucho entonces lo que cada cual invierte cuando trabaja, porque es su propia VIDA. Entonces tenemos que valorarlo más, quien lo paga, y también quien lo realiza. Dice el Papa que “Un empresario de comunión está llamado a hacer de todo para que también esos que se equivocan y dejan su casa, puedan esperar un trabajo y un sueldo digno, y no verse comiendo con los cerdos. Ningún hijo, ningún hombre, ni siquiera el más rebelde, merece las bellotas.” Todas las personas y todos los trabajos son dignos y nadie debería comer de las sobras.

Promover la comunión y la fraternidad dentro de las empresas, los negocios por cuenta propia o pequeños emprendimientos y en las relaciones de mercado, con los trabajadores, competencia, CLIENTES… muestra que la economía no solo produce riquezas materiales, sino espirituales. “Al introducir dentro de la economía el buen germen de la comunión, habéis iniciado un cambio profundo en el modo de ver y vivir la empresa. La empresa no sólo puede no destruir la comunión entre las personas, sino que puede edificarla, puede promoverla. Con vuestra vida mostráis que ECONOMÍA Y COMUNIÓN se hacen más bellas cuando están una junto a la otra. Más bella la economía, ciertamente, pero más bella también la comunión, porque la comunión espiritual de los corazones es aún más plena cuando se convierte en comunión de bienes, de talentos, de beneficios.”

*Palabras tomadas del encuentro del Papa Francisco con empresarios de Economía de comunión. Sábado, 4 de febrero de 2017. Aula Pablo VI, Vaticano.