13 July 2016

Por: Luigino Bruni

 

Podríamos verlo como un proyecto de una comunidad que, dentro de ella, distribuye las riquezas. Es decir, una comunidad que esta integrada por personas necesitadas y también por empresarios y, en consecuencia, pone en comunión la riqueza que así circula desde quien tiene más a quien tiene menos. 

Basándonos en esto podríamos decir que la economía de comunión es un proyecto de distribución de riqueza. 

Por otra parte, se podría decir también que la economía de comunión es un proyecto que trata de formar empresarios en una dimensión ética; una especie de ética para empresarios, que trataría de cultivarlos y formarlos para que sean generosos, para que sean -digamos- filántropos y ayuden a los necesitados.

En realidad, es algo muy distinto de esto, es algo que, para ser bien entendido, debe ser comprendido a un nivel mas profundo.

Comenzaría con una referencia a un teólogo europeo del novecientos, llamado Hurs Von Baltasar. 

El decía, en su famosa y muy influyente teología, que la historia y la vida de la iglesia pueden ser comprendidas, entendidas, como un diálogo; una misteriosa dinámica entre un perfil de tipo institucional y una dimensión, un perfil, de tipo carismático; es decir como una dialéctica, un diálogo entre institución y carisma.

La institución, destaca los aspectos más estructurales, organizativos, contractuales de la vida, destaca más las reglas; en cambio la dimensión carismática ilumina la fraternidad; nace de abajo, de la vida de las personas; nace de las respuestas a las exigencias de amar de personas concretas.

Para mí, esta lectura que Von Baltasar hace de la Iglesia, es también una buena clave para comprender la historia de la economía.

Nosotros podemos leer la historia, y la vida económica y civil como una dialéctica, como una dinámica entre los aspectos más institucionales y los aspectos más carismáticos de la humanidad.

¿Cuál es el problema?  Que cuando se cuenta la historia de la sociedad y de la economía, se cuenta solamente, o casi solamente, la historia de las instituciones. 

Para dar un ejemplo: en Europa, cuando se cuenta como nació la economía moderna, se habla del nacimiento de los grandes bancos, de los valores en acciones, de las compañías de las Indias, de las grandes empresas; se habla de los mercados, de Marco Polo, o sea de las acciones que nacieron de exigencias ligadas a grandes beneficios económicos, de gran magnitud. 

Son cosas importantes para entender el mundo, no son cosas negativas; pero se ignora, se deja de lado la historia de los carismas. 

Así, por ejemplo, no se habla de San Benito, es decir, no se tiene en cuenta el rol que tuvo el monaquismo en la economía moderna, sobre todo en el medioevo. 

Nosotros -ahora no hay tiempo para fundamentarlo- sin monaquismo, no habríamos tenido economía de mercado. 

No se menciona que los primeros bancos populares nacieron de los franciscanos en el 1400, son historias que permanecen en las sombras, son historias casi escondidas. Pero sabemos que sin estos carismas hoy Europa no sería lo que es.

 

Entonces la característica de la historia carismática de la humanidad es que se trata de acciones, de realidades importantes que nacen a partir de una vocación, que nacen de actos de amor y que, por lo tanto, tienen el perfume, el timbre de la gratuidad. 

Piensen en la belleza de los franciscanos que por amor a los pobres, que por amor a la Señora pobreza, inventan los bancos.

Entonces si nosotros queremos saber qué es la economía de comunión tenemos que unirla, tenemos que conectarla a esta historia carismática de la humanidad. Y esto es muy evidente en nuestra propia historia.

Quizá muchos de ustedes saben que la primera intuición que Chiara tuvo sobre los polos industriales fue recorriendo una abadía benedictina. Ella veía que también en el Movimiento deberían nacer realidades similares; y quizás no lo sepan pero, Chiara, cuando era joven, fue terciaria franciscana y siempre sintió muy cercano el carisma de Francisco, y su nombre, Chiara, lo ha tomado de Francisco porque ella se llama Silvia.

Pero no existe sólo la historia de los carismas religiosos, detrás de la economía de comunión, están también los carismas civiles. 

Porque – esto no lo saben, pero yo se los digo – el Trentino es la zona de Italia donde existen muchos bancos cooperativos, donde existen muchas cajas de ahorro, surgidas a partir del amor que las personas tenían a su propia gente.

Y yo estoy seguro que Chiara habrá visto cajas de ahorro en los pueblos del Trentino, cuando era joven. Es decir, este movimiento cooperativo que dio vida a tantas realidades económicas importantes.

Entonces, para volver a nuestra pregunta: ¿Qué es la economía de comunión?

Es un florecer actual de un gran árbol milenario, es decir, de un modo de concebir la economía como vida que nace del amor a los otros, que nace para responder a las exigencias de las personas en dificultades. Como los benedictinos, como los franciscanos, como también el movimiento de los focolares.

He aquí por qué yo diría que estamos todavía en los comienzos de nuestra historia de la economía de comunión. 

Si pensamos en un día, que tiene 24 horas, estaríamos todavía dentro de la primera media hora. Porque la historia carismática es una historia que se mide con los siglos, porque no nace por interés sino por vocación.

Entonces, ¿cuál es la naturaleza, cuál es la finalidad de esta economía de comunión?

Si nosotros revisamos brevemente como nace, veríamos que nace de un sueño de Chiara, el sueño de un mundo sin necesitados.

Chiara dice: “tenemos que mostrar un trozo de humanidad que haya resuelto el problema social, que muestre la fraternidad también en economía”.

Entonces Chiara propone que nazcan empresas – parecería por lo tanto un proyecto capitalista, que hace nacer empresas -, pero a estas empresas les pide que hagan algo que hasta ese momento las empresas no hacían. Les pide poner las utilidades en comunión. Y esto, para mi, es importante. Porque la economía de comunión es una propuesta que llama a la economía de mercado a algo nuevo.

¿En qué sentido?

Los empresarios a los cuales Chiara hablaba eran ya empresarios cristianos, pagaban los impuestos, eran personas buenas. O sea, eran personas que se dejaban guiar por una ética, pero Chiara les pidió un paso más. ¿Qué significa esto? Que la EdC es también un desafío al capitalismo. Lo llama a un cambio, a una reforma, las cosas no están bien, no tenemos un mundo justo, el desafío entonces es mostrar un mundo sin pobres, sin indigentes.

 

¿Cuál es el cambio que Chiara ha indicado para hacer esto?

El de hacer nacer estas empresas nuevas, principalmente en los polos industriales, que pongan sus utilidades en comunión según tres objetivos que son: 

• ayuda inmediata a las personas indigentes, 

• formación de hombres nuevos, y 

• creación de puestos de trabajo desarrollando la empresa.

 

Lo que hoy nos dijimos en nuestro encuentro en Roma, es algo que quisiera transmitirles bien.

Y es que las tres partes de las utilidades son un medio para ayudar a los pobres. No sólo el tercio que se les da directamente. ¿Por qué? Porque se ayuda a los pobres creando puestos de trabajo. Cuando la empresa reinvierte las ganancias y crea puestos de trabajo está reduciendo la pobreza. Cuando una empresa contribuye con sus utilidades a la formación de hombres nuevos, por ejemplo, cuando contribuye a construir ciudadelas, como vuestra bellísima Mariápolis Lía, a editar libros, y cuando se logra acercar a tantas personas a esta cultura del dar, se está haciendo una acción importantísima en la lucha contra la pobreza.

 

¿Por qué? 

Porque el tesoro más importante que se le puede dar a una persona indigente es darle la voluntad para recomenzar. Darle la voluntad de ocuparse de los otros. Entonces, cuando una persona se pone en contacto con la espiritualidad de la unidad, adquiere un gran recurso para su desarrollo, también humano. Quien se ocupa de grupos humanos sabe esto. Sabe que se sale de la pobreza solo si se es capaz de ponerse en movimiento

 

(pausa)

 

La EdC contribuye a un mundo sin indigentes con las tres partes de sus utilidades: creando puestos de trabajo, dando lo que llamamos “el ideal”, un ideal para las personas que a menudo no lo tienen porque están desesperadas; y, en fin, ayudando a quienes se encuentran en situaciones de emergencia. Pero no es sólo resolviendo las emergencias que se contribuye a construir un mundo sin pobres.

 

Para concluir quiero utilizar una metáfora.

Existe un antiguo refrán referido al desarrollo que dice: “si quieres ayudar a un pobre, no le des un pescado sino una caña de pescar”

En realidad, en la EdC es más compleja la historia. 

Es decir: se da pescado a quien se está muriendo de hambre – y este es el tercio de la emergencia -, se da la caña de pescar creando puestos de trabajo – personas que entran en el proceso productivo, y se liberan de las necesidades -. Sin embargo, a nosotros no nos basta tampoco la caña de pescar, la finalidad es que una vez que el pez ha sido pescado es necesario aprender a compartirlo con lo otros, saber ponerlo en comunión. Y de esto se ocupa la formación de hombres nuevos, aquel tercio dado a la cultura del dar.

Por lo tanto, quería darles solamente esto, mi pequeño aporte para tener una mirada amplia sobre la EdC, que no es un proyecto de personas buenas que quieren ayudar a los pobres; sino que es un proyecto que nace de un carisma, que está inscripto en un proceso milenario de la humanidad, que se pone codo a codo con todos aquellos que han hecho cosas por los otros y por nosotros, de ayer y de hoy.

 

Nosotros en estos días reflexionaremos sobre estas cosas, trataremos de hacer también el esfuerzo intelectual de profundizar en estas cosas, pero teniendo conciencia de que estamos escribiendo las páginas de un libro muy grande, que no hemos llegado a un desierto, sino que nos insertamos en una bellísima historia de amor, de hombres y mujeres que, por amor a los otros, han hecho cosas también en economía.

 

Me gusta siempre recordar que el primer contrato de trabajo para un menor lo ha escrito, lo ha inventado, Don Bosco, es decir, él, por amor, desde un carisma para los jóvenes, ha inventado un instrumento muy importante para la economía.

 

Esto quería decirles. Nosotros estamos tratando de reflexionar sobre estas cosas para apasionarnos cada vez más por un proyecto de raíces muy profundas.

 

 

Buen trabajo para estos días de Congreso, estamos espiritualmente, idealmente presentes entre ustedes. Gracias.

 

Los esperamos a todos, sepan que en octubre se inaugura el polo italiano en Loppiano; queremos que sea una fiesta de todas las economías carismáticas italianas, y todos aquellos que hacen cosas hermosas por los demás vengan y sientan que es también de ellos. Como si naciera una nueva autopista, como si naciera una nueva fuente, para todos. 

 

Les deseo lo mejor, saludos a todos. 

 

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