8 November 2017

María Antonia Borroto: Este es un Día de La Liga muy especial, pues vamos a debatir un tema que nos preocupa y que, sin embargo, no suele asociarse con la agenda de las instituciones culturales. Le hemos denominado “Cuentapropismo y cultura” para recalcar no solo el hecho de que ni Yoan ni yo somos economistas, sino porque nos parece que el tema debe ser discutido más allá de sus implicaciones económicas. Tampoco queremos verlo circunscrito a las dinámicas que puedan generarse en el Ministerio de Cultura con el afianzamiento del llamado trabajo por cuenta propia.

Mi papá siempre fue cuentapropista. Esto es algo que yo no hubiera confesado unos años atrás. El propio Malcom, a quien conozco desde la adolescencia, probablemente no lo supo en ese entonces. A mí papá, que se sintió discriminado y ya tiene 90 años, le llama la atención este viraje al respecto en Cuba y al mismo tiempo dice no tener mucho que ver con la manera en que algunos cuentapropistas se ven a sí mismos. En su lógica un trabajador por cuenta propia debe brindar un servicio determinado y, obviamente, cobrar por ello. Pero de allí a pensar primero en el dinero y casi nunca en el cliente, a ver precisamente en el cliente muchas veces a un enemigo, a alguien a quien sacar dinero a toda costa, hay una gran distancia. Esa es una de las realidades del trabajo por cuenta propia hoy en día, mas, obviamente, no la única. Para analizar el asunto en algunas de sus múltiples aristas La Liga ha invitado a Malcom Calvo Llorella —miembro de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales—, y a Ernesto Antonio Figueredo, ambos con amplia experiencia en la asesoría a trabajadores por cuenta propia.

Malcom Calvo Llorella: Cuando se habla de actividad económica no estamos hablando simplemente de economía, de producción de bienes materiales, de dinero; estamos hablando también de cómo se conforma un imaginario, una manera de entendernos como personas, de entendernos como país. Alrededor de esto me parece interesante una idea de un sicólogo organizacional llamado Edgar Schein,a propósito de la cultura —y aquí pido, por favor, que obviemos la idea de que cultura tiene que ver solo con la poesía, la música, el ballet…, pues estamos hablando de mucho más—, la idea de este autor es que la cultura es un conjunto de creencias, presunciones básicas que condicionan en un grupo social determinado las maneras de sentir, pensar y actuar, y que van determinando el modo en que producen y evalúan las situaciones en que deben moverse y cómo resuelven los problemas de adaptación e integración como grupo, en un espacio geográfico y cultural determinado.

Comento esto porque alrededor del trabajo por cuenta propia —o las nuevas formas de gestión no estatal, no tan nuevas, porque las cooperativas existen desde hace tiempo—, se han tejido una serie de mitos. Son creencias muy simpáticas, como que para que algo funcione tiene que ser privado, o sea, suponer que por el solo hecho de ser privado algo debe funcionar bien. Algunos creen que a una persona con dinero que comience un negocio debe irle bien. Por no hablar de otro mito muy extendido: que todo el que tiene un negocio automáticamente tiene dinero, o sea, se vuelve alguien que está por encima de cualquier realidad.

Muchas personas valoran a los cuentapropistas de esta manera, sin preguntarse cuántas horas dedican al trabajo, cuántos sacrificios hacen desde el punto de vista personal. Hay muchos prejuicios en la manera en que institucionalmente y en el discurso público se habla de la actividad: en un momento determinado se le llama formas de gestión no estatal para entonces sugerir que hay ilegalidad, que hay actividad subterránea y por otra parte se utilizan expresiones como: «qué bien lo que están haciendo», «van a renovar ciertas y determinadas cosas», «van a ser un elemento dinamizador de la economía cubana»; en fin, son muy contrastantes las maneras de entender esto.

Me parece importante reforzar una idea y es que no basta con tener dinero para empezar un negocio. Estuve mirando en unas estadísticas que en el 2011, cuando se hizo la gran apertura al trabajo por cuenta propia y se dio la visión de que era la solución al problema laboral que se generaba en Cuba a partir de la necesaria reducción de plantilla, hubo un crecimiento que llegó a cerca de quinientos mil trabajadores por cuenta propia, pero al mismo tiempo hubo una gran entrega de licencias, alrededor de doscientas mil personas dejaron de ejercer el trabajo por cuenta propia, los argumentos: «esto no es como yo pensaba», «esto no da», «los impuestos son demasiados»… Cuando se profundizaba un poquito más comenzaban a aparecer cuestiones como: «yo no estaba preparado para esto», «esto es más difícil de lo que yo me imaginaba», «había cosas que yo no sabía», «yo no sabía calcular los impuestos, ni administrar el dinero».

Por eso hay un elemento que me parece importante, relacionado con las condiciones para la formación y capacitación. Creo que lo implementado por el sistema institucional del Estado y por otras instituciones ha sido poco efectivo. Hay experiencias de la Asociación de Economistas y Contadores; la Asociación de Comunicadores Sociales ha dado también algunos temas, hay iniciativas de la iglesia que han apoyado la formación, pero todavía falta. ¿Por qué? Porque la formación para ser emprendedor no es la formación que tenemos en las universidades: en el sistema institucional de educación nos formamos como técnicos, pero los conocimientos de cómo enfrentar una actividad económica siendo responsables, porque el dueño de negocio no es el que tiene derecho a usar el dinero del negocio, es el único responsable de que el negocio genere dividendos, a partir de lo que hace. Por tanto hay cuestiones desde el punto de vista de formación en cuanto a temas de preparación, vamos a decir sicológica, que vayan desarrollando una actitud emprendedora.

Esta dichosa palabra está secuestrada; alguien —no se trataba de Obama— en un momento determinado, cuando se hizo la proclama del restablecimiento de relaciones diplomáticas, habló de los emprendedores; Obama, cuando estuvo acá, habló de los emprendedores, y ya la palabra se ha convertido en una palabra maldita. No es una palabra que se utilice solamente en los Estados Unidos, se utiliza en todo el mundo para hablar de las personas que comienzan una actividad económica de forma autónoma. En nuestro contexto la palabra está secuestrada y no se puede utilizar, pero sí es necesaria una preparación de las personas que quieren comenzar una actividad por cuenta propia, para que reconozcan que tienen que tener una actitud de emprendedores, y cuando hablamos de una actitud de emprendedores estamos hablando de que aunque vaya mal hay que levantarse y seguir, y no ver las dificultades como problemas, sino como retos a vencer. Ser un emprendedor incluye también el reconocimiento de las propias limitaciones y de las propias ventajas, y de las condiciones para llevar adelante el negocio. Otro elemento importante en el que hay que preparase para comenzar un negocio es el dominio del marco legal en el que usted va a actuar, pues hay muchas personas que han pasado por situaciones desagradables, se han visto a merced de órganos sancionadores por desconocimiento. Hay un principio legal que dice que el desconocimiento no exonera de la responsabilidad, entonces ¡qué triste es ver a personas que comienzan una actividad económica sin saber lo que está regulado por ley, qué pueden y qué no pueden hacer!

Hay otras cuestiones relacionadas con el desconocimiento de temas de administración empresarial. Hay saberes de marketing, de organización de empresas que no pueden ser ignorados. En mi opinión no tiene sentido, pleno siglo XXI, descubrir el agua tibia y mucho menos dedicar tu dinero, tu esfuerzo y tu tranquilidad familiar a descubrir lo que ya está descubierto en materia de cómo administrar un negocio, por eso insisto en la necesidad de dominar cuestiones financieras. Hoy por ejemplo está pasando una cosa muy graciosa con los bancos: los bancos están saliendo a tocarles las puertas a los cuentapropistas para que utilicen sus servicios, incluida la posibilidad de crédito, sin embargo hay muchas personas que mantienen su mentalidad de que no es bueno utilizarlo, pero parten de una creencia, y no de una evaluación económica que permita utilizar esas ventajas. Conozco casos de personas que están utilizando el dinero del banco para operar en su negocio y el propio les sirve de resguardo para el préstamo que pidieron. Eso por no hablar de los problemas de impuestos: hay quienes tienen negocios montados y no saben cuánto, por norma jurídica, tendrían que pagar. Entre colegas hemos hablado de una idea: para contar la parte de la verdad que a usted le conviene en materia de impuesto, o decir la verdad, lo primero que no puede pasar es que usted esté engañado. Usted tiene que saber cuánto tiene que pagar su negocio porque existen órganos controladores que luego, con unas facultades legales tremendas, vienen y le muestran ciertas y determinadas cosas y punto: a pagar, y lo ponen frente a tremendo problema. Y por último, aunque sé que no se pueden hacer escuelas de ética, sí creo que es importante introducir el término, pues la formación de todo el que quiera comenzar un negocio pasa por hacer un reconocimiento de sobre qué valores se va a montar ese negocio, valores que partan de una vocación de servicio.

Hay una idea que es cierta desde el punto de vista práctico, y muy útil desde el punto de vista moral: la ética produce dinero porque —y aquí les trasmito esas ideas que están ya descubiertas y consolidadas en la práctica—,para que un negocio funcione debe darles a las personas conveniencia, o sea, tiene que dar cosas que les sirvan a los que compran, pero sobre todas las cosas tiene que darles confianza, y la confianza se basa en que usted reconozca que la otra parte no lo está engañando, no está mintiendo.

Esas son cosas que hacen falta porque en mi opinión no estamos armando maneras de resolver cuestiones de dónde arreglo mis zapatos, de dónde me como la pizza, dónde duermo, estamos hablando de qué tipo de país vamos a ir construyendo.

María Antonia Borroto: Estoy realmente muy de acuerdo con estas últimas ideas, ellas son la explicación misma de porqué el tema le preocupa tanto a La Liga , de por qué queremos incluirlo en ese libro que estamos soñando. Sin duda alguna, has dado en el clavo, el asunto es el país mismo que estamos construyendo. Si analizamos los propios temas que hemos tenido en la mesa todos confluyen, y la preocupación última de estos paneles es la Cuba que queremos no ya para nosotros únicamente sino también para nuestros hijos. Me ha encantado también tu manera de referirte a la actitud emprendedora, porque está claro que es una actitud frente al hecho mismo del negocio, pero debe ser una actitud también frente a la vida, al margen incluso de sistemas políticos determinados o de formaciones socioeconómicas —para referirnos con propiedad al fenómeno—. Yo —perdonen que introduzca otra anécdota personal—,tengo dos primas nacidas y criadas en un contexto capitalista: una ha decidido ser siempre una empleada y la otra ha montado sus propios negocios, pues poseen formaciones sicológicas completamente diferentes.

A mí hay algo que me ha llamado mucho la atención en la manera en que se han gestado estas nuevas formas de organización económica y es lo poco que se ha exigido en el nivel de preparación a los llamados cuentapropistas, de preparación en el dominio incluso de la actividad que van a ejercer, no ya de esta otra preparación que tendría que ver con asuntos económicos, con asuntos de otra índole, de corte legal y demás. ¿Hasta qué punto es válido incluso para la seguridad ciudadana, para la seguridad de las personas que van a recibir el servicio que cualquiera simplemente decida tener una peluquería sin que exista la confianza en el dominio mismo del oficio que esa persona tiene? Conozco personas que han vivido experiencias terribles, y pienso en algo como el tema de la inocuidad de los alimentos. Tengo que confesar que me asustó muchísimo cuando oí recientemente que el Consejo de Ministros se pronunció por la inocuidad de los alimentos, me parece magnífico que lo hiciera, pero al mismo tiempo pienso en qué pudo haber estado sucediendo al respecto hasta este minuto. Cuando uno elige qué llevar a la boca —desde el punto de vista de la alimentación por supuesto—, está eligiendo también una forma de vida, protegiendo su salud, en fin. A veces pienso que estamos muy desamparados en tanto clientes frente a este mundo que se está gestando.

Tengo otra preocupación, desde un punto de vista digamos que contractual. Hablaba con Malcom antes de sentarnos aquí de ciertos vacíos legales, de normas jurídicas que no están atemperadas, de esa presunción de culpabilidad que a veces impera en nuestro contexto —donde la inocencia es lo que debe ser probado— y la precarización misma que muchas veces suelen tener las condiciones de la persona empleada por el gestor de un negocio. Yo recibo un servicio latinoamericano de publicaciones preocupado por la temática del género. Y muy a menudo publican las problemáticas asociadas al cumplimiento o no de las políticas que estipulan la protección del trabajador en caso de maternidad o enfermedad, con la higiene del trabajo —si, por ejemplo, se exige estar demasiado tiempo de pie en unas condiciones que no son siempre las más idóneas—, hasta qué punto se cambia salud por dinero, en fin, ese tipo de debates que también son necesarios en la sociedad cubana actual. Hace poquito tiempo pude asistir a un evento en Casa de las Américas donde se presentó una tesis de doctorado fabulosa sobre las domésticas en Cuba, fenómeno que ahora tiene diferentes nombres: «la muchacha que me ayuda», por ejemplo, uno de los eufemismos más frecuentes para esconder de lo que realmentese trata. Ese estudio corroboraba la existencia de un fuerte proceso de precarización, se refería como ya dije a la empleada, pero yo lo siento también en la persona que está contratando al otro, pues no hacerlo con un marco legal definido que reconozca deberes y derechos del empleador y del empleado, ambos pueden estar sujetos a muchos fenómenos y no tener luego un marco de actuación que permita solucionar satisfactoriamente para las partes las situaciones que se puedan presentar. Imagino que en esta búsqueda del consenso y en este proceso de transformación en el que nos encontramos irán organizándose muchas de estas cosas.

Ernesto Antonio Figueredo: Emprender un negocio tiene varias dimensiones. Se supone que si yo quiero hacer una cafetería tenga que saber hacer un café, preparar una tortilla, freír una croqueta y otras muchas cosas. Pero, usted puede saber hacer todo eso y no estar capacitado para abrir una cafetería, como también puede saber hacer la mejor pizza del mundo, pero eso no significa que usted pueda montar una pizzería, son dos cosas diferentes. La otra dimensión entonces sería la dimensión propia de la administración de negocios. Considero que «cuentapropismo» es a veces una palabra un poco peyorativa. Es una realidad nueva y es una realidad nueva no solo por los años que lleva aprobada, sino porque obviamente —y creo que en eso coincidimos muchos en Cuba—,no queremos que sean los negocios privados como lo eran antes del 59.

¿Qué es un cuentapropista? Un cuentapropista es el zapatero remendón que está en la esquina poniéndole la suela a los zapatos, pero un cuentapropista es también la persona que tiene uno o dos restaurantes a veces con sesenta trabajadores, ¿realmente podemos meter en el mismo saco al zapatero remendón o al del frozen, y a una persona con sesenta trabajadores y varios negocios? Y aquí estoy hablando de negocios en un sentido muy amplio, puede ser una brigada de construcción, las hay con más de doscientos trabajadores y puede ser una finca en el campo, que también es un negocio y puede tener muchísimos trabajadores. La buena noticia es que estas dos dimensiones de las que hablaba son aprendibles, todos podemos aprender a hacer pizzas y todos podemos aprender a administrar una pizzería; lo que es más difícil de aprender, porque es un problema de aptitud, es el espíritu de emprendedor. En eso tenemos una gran ventaja los cubanos, no nos vamos a llamar emprendedores quizás por la razón que mencionaba Malcom: los cubanos somos luchadores, nos gusta echar para adelante, buscar soluciones de una manera muy creativa. Si tenemos como base este espíritu, hasta personas que tuvieron hasta cuarenta años trabajando para el Estado pueden tener después un negocio y pueden tener un negocio exitoso.

Tenemos varios niveles aquí, pues decimos que los negocios van del chinchal al timbiriche, del timbiriche al negocio y del negocio a la empresa, esta última tiene un carácter jurídico. Empresas privadas en Cuba —privadas por llamarlas de una manera—, son las cooperativas, tanto agropecuarias como no agropecuarias, porque esa distinción solo la hay en Cuba. Pero obviamente no podemos llamar igual al cuentapropista —el zapatero remendón, el del frozen— y al negocio cuya dinámica demanda una organización más compleja

En esto de crear empresas hay una gran paradoja para los cubanos: si es una empresa privada tienes que transformarla en cooperativa —que no siempre es la manera más auténtica posible—, o tienes que salir del país, coger una ciudadanía de otro país, montar una empresa allí y venir entonces a invertir con capital extranjero, porque a las personas de otros países, tanto naturales como jurídicas, sí se les permite invertir en Cuba y establecerse como empresa legal. Eso es una paradoja terrible: ¿por qué los cubanos no podemos tener una empresa privada?

Muchas veces cuando hablamos de los problemas que tiene este tipo de economía nos referimos al terrible concepto para mí de generar un mercado mayorista para las formas no estatales, eso es terrible, si el mercado mayorista para las formas estatales es tremendamente ineficiente, ¿cómo pretendemos que se genere otro para las no estatales? En realidad todo el mundo debería tener el mismo mercado, con las mismas condiciones, derechos y deberes. Los insumos se vuelven realmente un problema que obliga a muchas cosas que no son buenas.

Ahorita hablaba María Antonia del Decreto del Consejo de Ministros: hay que lograr la inocuidad de los alimentos. ¿Con qué condiciones las personas van a lograrla? Hay que poner a producir la tierra, otro decreto: ¿con qué crédito, dónde se compra un machete, una lima, un par de botas?, ¿dónde se compra una semilla y esto sí no lo pueden hacer las personas individualmente? Una cosa es el discurso y otra muy distinta generar las condiciones adecuadas para ejercer el trabajo por cuenta propia, crear negocios privados y cooperativas. ¿De dónde saca una brigada de la construcción un saco de cemento para arreglar una obra social, un hospital, por ejemplo? Si lo compra lo tiene que hacer como si fuera una persona natural, y el precio es terrible.

Hay muchos problemas, impuestos, pero fundamentalmente el gran problema de los negocios —y aquí voy a meter también a los estatales— es cultural. ¿Cuántas personas conocemos que han sido administradores de empresas estatales que tienen negocios exitosos? Hay pocas, porque son personas que a la luz pública son empresarios, pero realmente están ejecutando ordenes, ejecutando un plan, por tanto no desarrollan la mayoría de las veces una capacidad creativa.

Otra cosa que hace cultural el problema del cuentapropismo en Cuba es precisamente esta visión, si cerramos los ojos y pensamos en una persona con un negocio privado en Cuba cómo lo podemos dibujar, es una persona seguramente casi con los colmillos afuera, como un vampiro, un tiburón y con un ansia desmedida de ganar dinero a toda costa. ¿Por qué tiene que ser así? Realmente en mi proyecto y en muchísimos otros hay otra vocación.

Si alguien te pregunta cuál es el negocio que puede montar más rápido para sacarle dinero, invirtiendo poco y teniendo una gran rentabilidad que solo dependa de él y sus horarios, y de las condiciones en que quiera trabajar, a lo mejor pudiéramos decir que es la prostitución, no necesitas más nada que tu cuerpo. Hay gente que quiere hacer algo que vaya consigo, en lo que pueda desarrollar sus habilidades, y eso es importante, poner los conocimientos, lo que es uno en función del proyecto de vida, porque un proyecto de negocio se convierte en un proyecto de vida. Todos pasamos más tiempo a veces con nuestros compañeros de trabajo, sean del sector estatal o no estatal, que con nuestra propia familia. Ese tiene que ser, entonces, un lugar donde nos sintamos bien, donde generemos buenos ambientes de trabajo y que ese ambiente sea seguro, donde la gente pueda desarrollar realmente sus habilidades, sus capacidades, sus talentos, sus dones. Estamos hablando, por tanto, de un fenómeno esencialmente cultural. Por desgracia estas miradas un poco peyorativas hacia el que quiere ejercer una actividad económica privada encuentran justificaciones históricas que nos llevan a la Cuba anterior a 1959, pero ya eso quedo atrás, ahora estamos en el año 2017, hay que mirar al futuro desde una sociedad cubana nueva, donde todos debemos ser importantes como individuos, no como masa, no como grupo de algo y teniendo un negocio podemos ser ese individuo que la sociedad ha disuelto. Eso es importante, genera empoderamiento en las personas, y lo digo con el sentido de la responsabilidad que eso conlleva. Muchas veces vemos a una persona con un negocio y decimos mira ese es el dueño de… Ya es un individuo al menos. Antes cuando era camarero en un hotel cualquiera, a lo mejor nadie sabía quién era. Ahora esa persona tiene que asumir la responsabilidad de ser una persona pública también.

Como se trata de un fenómeno cultural tiene que estar alineado con una mayor iniciativa del Estado. Hay micro, pequeñas y medianas empresas en Cuba, lo decía Raúl en el cierre del congreso del partido, ya las hay, había cuentapropismo y ya hay micro, pequeñas y medianas empresas. ¿Qué hacemos con ellas?, ¿cómo las organizamos?, ¿cómo les damos promoción? Piensen un momento, cuando un negocio va a abrir, cuando alguien está reparando algo para poner un negocio, todo el mundo está un poco pendiente, ¿qué irán a poner allí?, ¿qué irán a vender?, ¿será para el turismo?, ¿podré satisfacer allí alguna de mis necesidades? El negocio ya no es solo un bien individual del dueño o de los dueños, los negocios pasan a ser un recurso colectivo, porque no solamente estás satisfaciendo las necesidades de una persona, sino de una comunidad. Entonces este tipo de responsabilidad debe ir acompañada de un nivel de formación. Se han hecho algunas acciones como dice Malcom, pero son tremendamente insuficientes, algunas que se han hecho fuera del marco estatal no han caído bien.

¿Cómo los negocios en Cuba están teniendo un impacto cultural en la localidad donde están ubicados? Pensemos hace treinta años atrás, si íbamos a permutar la casa, ¿a quién buscábamos? Al corredor o salíamos a caminar, ¿no es verdad? Hoy es más fácil, caballeros, tenemos una agencia inmobiliaria. Los negocios realmente están cambiado la manera en que estamos viviendo y se puede palpar aquí mismo en nuestra comunidad. Si llamas por teléfono te llevan una pizza a la casa, hace treinta años eso no podía pasar. Hay que tener responsabilidad con esas cosas, tener un negocio es una gran responsabilidad, yo digo que es como un hijo, a veces uno pasa más horas pensando en el negocio que en el hijo de uno. ¿Cómo llegar del chinchal al timbiriche, del timbiriche al negocio y del negocio a la empresa?, o mejor, ¿cómo hacer para que cuando nazca ya nazca negocio o nazca empresa?

Malcom Calvo Llorella: Sobre esto que comentaba Ernesto hay mucha tela por donde cortar y me voy a detener en esta cuestión de la responsabilidad, responsabilidad que aparece porque es que cuando surge un negocio es una manera de resolver determinados problemas de determinado grupo, pero es también el modo de vida no solo del dueño o la dueña, sino de las personas que trabajan allí. Esa es una dimensión de la responsabilidad que no debe perderse, y tiene que ver con los marcos legales en los que se mueve la actividad por cuenta propia.

En el 2014 la Asamblea Nacional votó el nuevo Código de Trabajo de la República de Cuba, y fue en el segundo semestre del 2016 cuando las instituciones de trabajo comenzaron a exigir que los cuentapropistas que tiene trabajadores contratados les hicieran los contratos que esa ley había dispuesto desde el 2014. Quiere decir que hay un marco de responsabilidad que en el marco legal se está pidiendo. Pero muchos trabajadores por cuenta propia tienen que ganar en la responsabilidad que adquieren primero con sus empleados, los que muchas veces, advierto, son familia, y no quedan bien delimitados los espacios y eso genera conflictos en el ámbito laboral que con determinado conocimiento se puede prever. Ese es un ámbito de responsabilidad que creo que es importante, responsabilidad con los que trabajan en el negocio, responsabilidad con los que van a recibir los servicios del negocio.

Hay un cartelito muy simpático por allí que dice: “Horario de trabajo: abrimos cuando llegamos, cerramos cuando nos vamos y si no nos encontramos es que no coincidimos”. Entonces hay una cuestión de responsabilidad, y volvemos a la falta de confianza, la falta de solución que aparece en las actividades de servicio gestionadas por el Estado donde no te atienden, donde no te pueden dar una explicación, donde nadie es responsable de nada, donde tú tienes la obligación de aceptar que te maltraten. Eso se ha reproducido en muchos de los negocios por cuenta propia, por ejemplo, dónde podemos arreglar hoy un teléfono celular; tenemos que llegar a los puestos donde se arreglan teléfonos celular y ponernos la mano en el pecho y decir que la suerte me acompañe o, como en La Guerra de las Galaxias, que la fuerza me acompañe para no partirle la cabeza si me rompe el teléfono. Pero ese es el espacio que hay y así como hay personas que denigran la actividad, las hay que se han ganado su prestigio.

Hay lugares hoy donde las personas llegan y dicen: ¿y esto de verdad es privado, no será estatal? Pues no conciben un lugar en el que haya orden y pongan una etiqueta de sello de garantía después que arreglen una computadora. Creo que eso tiene que ver con lo que hablaba Ernesto sobre la responsabilidad y cómo se van creando espacios para una nueva manera de hacer la economía. Y aquí me voy a la idea de Marx: al modo de producción social, al que normalmente se le quita la parte social y se queda en el modo de producción a secas, pues se piensa que eso tiene que ver simplemente con la cantidad de tuercas. El término original es modo de producción social porque los seres humanos nos hacemos en la medida en que nos relacionamos en la solución de problemas de vida, por tanto, si la manera en que se dan los servicios son maneras irresponsables, estamos fomentando relaciones de desconfianza, estamos fomentando relaciones de antagonismo. Por el contrario, si la manera en que se ofrecen los servicios tiene base de cooperación, de reconocimiento, de responsabilidad, de pensar en el otro, pues estamos fomentando la solidaridad, el comprometimiento, la voluntad de servicio, o sea, no es tan simple como producir pan, pizza o arreglar zapatos, va un poco más allá. Hay un sustrato que pasa por lo ético y está en todo lo que está sucediendo en el ámbito económico.

Yoan M. Pico: Voy a referirme a lo que decía Ernesto sobre el empoderamiento del trabajador por cuenta propia. Resulta curioso porque los escritores también tienen que pagar sus impuestos, por ese motivo en la UNEAC tuvimos la visita de un funcionario de la ONAT y una escritora un tanto aguda le manifestó: “Usted sabe los nombres de los dueños de los paladares, pero estoy segura de que no sabe los nombres de los que estamos aquí”. A esta observación de Ernesto de que cuando una persona ve al dueño de un paladar ya ve a un individuo al menos, yo le respondería con una pregunta: ¿Por qué?, ¿qué razón lleva a esta persona a distinguir a este “empresario”?, ¿qué razones lo llevan?, ¿es el empoderamiento generado por la utilidad de su negocio o es algo más burdo? Ernesto se refería también a la imagen estereotipada del cuentapropista: una persona con los colmillos afuera —yo entendí perfectamente a qué se refería—, pero pregunto nuevamente: ¿qué ve uno cuando ve un cuentapropista? Sin ningún tipo de alusión de naturaleza simbólica, ¿qué ve uno?, ¿cómo viste esa persona?, ¿qué imagen proyecta?

Eso también es interesante para algo que se ha dicho y con lo cual estoy completamente de acuerdo: la cultura del cuentapropista. El diseño cultural de su negocio y la proyección cultural de él en tanto individuo, porque la cultura es importante para el diseño de un negocio y no tenerla también es un diseño cultural y no bastan las soluciones cosméticas, no basta que usted tenga un hostal o una cafetería y le ponga por nombre José Lezama Lima, no bastan esas soluciones decorativas, hace falta algo más de espíritu porque si no se vulgariza y puede haber incluso algo peor, puede haber incluso un diseño cultural hipócrita, dictado por la conveniencia o el pragmatismo político. Yo quiero insertarme en un contexto determinado, vengo de Miami o de Alemania y oportunamente escojo un diseño cultural que me permita estar acorde con las autoridades y por debajo estoy denigrando una tradición cultural en el amplio sentido de la palabra, eso me interesa también y más me interesa dejar claro que el mismo oportunismo puede darse en una empresa estatal cuyos directores muchas veces proyectan una imagen que mucho se parece a la de los dueños de determinados paladares o negocios por cuenta propia.

Malcom utilizaba la expresión ponerse la mano en el corazón cuando uno va a arreglar un celular, no digamos un celular: una vez yo llevé a arreglar una grabadora que me gustaba mucho porque su dial era tipo caja fuerte que te permitía coger emisoras y el hombre no supo arreglar el dial de la grabadora, algo tan sencillo como eso, a mi juicio esto tiene que ver con la pérdida del “saber hacer”, tiene que ver con esa pérdida que es asombrosa en los poliservicios del Estado porque el cubano ha perdido esa capacidad, no hay oficio. Muchas personas se autodenominan plomeros y cuando los contratas te generan diez salideros. Entonces este problema del saber hacer es grave, y me recuerda los muñequitos que vi cuando yo era chiquitico y de mamey: “Tenemos veinte mil latas de atún y no sabemos cómo abrirlas”.

Se han denigrado muchos oficios, se han estigmatizado desde el punto de vista cultural. Me refiero por ejemplo a la valía cultural de un artesano que te sepa hacer un vitral, cuando usted ve algunos programas de las televisoras europeas un hombre que te sepa hacer zapatos es una personalidad y lo entrevistan porque son culturas que potencian y veneran el simple hecho de tener una habilidad manual. Entonces durante mucho tiempo, por culpa de las políticas educativas nuestras que pensaron que todo el mundo podía ser ingeniero, médico, etc, esas personas que dominaban oficios fueron relegadas, fueron subvaloradas y ahora estamos pagando el precio.

Malcom utilizaba la expresión “más de lo mismo” y es cierto, en una cuadra diez cafeterías vendiendo el mismo bocadito. Uno puede tener una experiencia divina si prueba los pastelitos de guayaba porque todos tienen el mimo sabor y parecen hechos por la misma mano, en efecto, es lo mismo, pero para que no sea lo mismo necesitamos una legislación que amplíe el rango de actividades que se pueden ejercer en el trabajo por cuenta propia, quizás así personas que no han perdido el saber hacer se sientan tentadas a probar un negocio por cuenta propia, porque realmente en la actualidad son muy tentadores para ciertos oficios, pero para los profesionales no hay muchas oportunidades, y también ellos, como los dueños de paladares, son individuos.

María Antonia Borroto: Ayer cuando terminamos el panel "Identidad, cultura y migración" una persona en el público hizo una intervención que a mí me sedujo muchísimo porque hablaba de la necesidad de sembrar esperanza. Ella es educadora, trabaja con jóvenes. A veces yo misma me noto un tantico apocalíptica. Oyéndolos a ustedes siento que hay posibilidades de que las cosas puedan ser de otra manera. Tengo que confesarlo: siento que estamos viviendo una crisis cultural tan pero tan profunda, y que muchos de esos fenómenos tiene que ver con este asunto. Es casi un lugar común cuando nos reunimos en estos foros, pienso en espacios de la UNEAC que tienen que ver con políticas de género y demás, la referencia a ciertos problemas. Voy a poner un ejemplito solamente: los videos sexistas que denigran la imagen tanto de la mujer como del hombre. Sí, porque tan denigrado está siendo uno como el otro. Piensen en esos lugares comunes a propósito de la sexualidad del cubano, que se están potenciando desgraciadamente en mucho de la publicidad comercial que se introduce en Cuba. Lo que sucedió con la llegada del Adonia a Cuba fue todo un escándalo, o sea, la manera en que se le recibió, usando una determinada imagen, casi un enlatado de la cultura cubana. Y existen regulaciones, por ejemplo, sobre el uso de determinada música y de ciertos y determinados videos en espacios estatales. Entonces me pregunto cómo ciertas legislaciones funcionan en unos ámbitos y en otros no, como si este fuera un país fragmentado. Pero el asunto es todavía más complejo, porque el otro día nosotros vivimos una experiencia tremenda: íbamos a hablar de estos mismos fenómenos, del sexismo, de los videos clip y demás, en el Callejón de los Milagros en una tertulia que organiza Juan Antonio García Borrero, y vivimos una despedida de soltera en un espacio público que estaba ilustrando en vivo aquello a lo que nos íbamos a referir. Yo decía en broma, magnífico, qué bien que la muchacha se despida de su soltería porque lo que le espera no es de amigos, hay que hacer una despedida de soltera y en grande… Está bien que se haga, pero en un espacio privado, las amigas se reúnen, hacen sus locuras, pues la despedida de soltera y la de soltero son para eso, pero esa pérdida total de las fronteras entre el espacio privado y el público resulta invasiva para los que estamos obligados a presenciar esas conductas. Ya les digo, siento que estamos viviendo una crisis cultural tan profunda que explica en buena medida esa suerte de desquiciamiento ético. Esta es otra de las provocaciones que quiero dejar en el tintero. No puedo evitar ser un poquito apocalíptica y pido disculpas por eso.

Yoan M. Pico: A mí se me quedaba algo, cuando Malcom hablaba de los mitos que rodean el trabajo por cuenta propia olvidaba uno muy extendido y es el que se refiere al que el que tiene un negocio por cuenta propia no roba. Habría que ver hasta qué punto es verdad. Hay aristas que se abren en eso de las instituciones estatales que contratan a los cuentapropistas, allí se abre un inmenso campo donde hay que confiar en la ética de ambos. No creo, aquí si estoy plenamente convencido, que la ética venga dada por un sistema u otro. Nosotros mismos somos una prueba de eso: tuvimos un capitalismo muy corrupto, llegamos al socialismo, hicimos la empresa socialista y tampoco nos salvamos de la corrupción. Las cifras oficiales de la Controlaría General de la Republica sobre la cantidad de millones desviados son escalofriantes. Entonces el problema no es, como dice un viejo amigo, si tenemos una empresa de un tipo o de otro, sino si vamos a robar o no vamos a robar, porque en las dos se puede hacer.

Ernesto A. Figueredo: Hay doscientas una actividades por cuenta propia aprobadas. Usted tiene una patente de jardinero, está trabajando en un hotel de Santa Lucía y hay una palma a la que se necesita quitarle el follaje porque le va a caer arriba a un turista, si el jardinero no tiene una patente, además, de desmochador de palma, no puede hacer ese trabajo. Es el mismo caso de la peluquera y la manicure, las mujeres no conciben ir a una peluquería y no arreglarse las uñas, pues bien las personas que trabajan en estos establecimientos necesitan dos patentes para poder hacer esto.

Pero sobre todo me refiero a estas doscientas una actividades porque promueven realmente que las personas tengan poca formación para hacerlas. No se necesita ser un graduado universitario para ejercer ninguna de las doscientas una actividades, entonces es como el cuento del huevo y la gallina porque las autoridades se quejan mucho de que hay un porciento muy bajo de graduados universitarios, creo que solo el tres por ciento, entre las personas que tienen patente de trabajador por cuenta propia. Claro es que no hace falta ser graduado universitario para ser desmochador de palma, forrador de botones… Sí, porque aunque no lo crean esa actividad se encuentra entre las aprobadas en el trabajo por cuenta propia.

Pero yo creo que poco a poco las personas han ido entendiendo que mientras mayor formación tienen pues también tienen mayor probabilidad de éxito para llevar adelante un negocio y van entendiendo también que no solamente en el ámbito estatal pueden realizarse profesionalmente. En el tiempo que llevo al frente de mi negocio he podido desarrollar mucho más los conocimientos que aprendí en la Licenciatura en Economía que trabajándole al Estado.

Otra cuestión de índole cultural con respecto a los negocios y que en modo alguno comparto tiene que ver con la idea de que tener dinero es malo. Esto a veces no es fácil de entender, usted puede tener un millón de dólares y ser una persona excelente, si ese dinero es bienhabido, si se lo ha ganado dignamente con su trabajo creando empleo, satisfaciendo necesidades personales de los que trabajan con usted y de la sociedad, si ha generado productos y servicios y también, ¿por qué no?, si se ha ocupado de grupos sociales vulnerables: ha atendido ancianos, ha atendido niños con alguna discapacidad o ha atendido a jóvenes que se gradúan de la Universidad y que no pueden sencillamente tratar de fundar una familia con trescientos sesenta pesos mensuales.

Si usted está haciendo eso y además el dinero usted lo está empleando para estos fines o para otros, pues irse para un hotel en Varadero, ¿es un fin malo? Eh, irse con su familia y disfrutar, con su papá, con su mamá, con sus hijos y esposa, realmente eso no es malo, caballero. Como sociedad estamos pensando a veces que tener dinero es malo, tener dinero no es malo y qué mejor manera de tener dinero que ganárselo uno mismo. Tengo que ponerme a robar en equis institución, ¿por qué? Sin embargo a veces molesta más el que está haciendo el dinero dignamente con un negocio del que nadie sabe los esfuerzos que implica. Sí, porque un negocio propio implica veinticuatro horas de trabajo mental, hasta cuando estás durmiendo te despierta una idea y tienes que anotarla. ¿Por qué esa persona no puede ganarse su dinero, no puede tener un millón de dólares en el banco, no puede hacer un viaje al extranjero que culturalmente es muy enriquecedor?

Yo creo que estamos dando bandazos, todos estamos aprendiendo, es una realidad nueva esto de los negocios en Cuba, incluso los estatales; los que de verdad quieren hacer negocios, los que se tienen que sentar en una mesa de negociación con una empresa extranjera tienen que aprender a hacer negocios hoy y no lo están haciendo bien, viene la empresa extranjera y le dicen: “Esperen, tengo que consultarlo”.

Estamos dando bandazos entre lo que conocemos del modelo de gestión socialista, modelo empresarial, estamos hablando de empresas, y el modelo de gestión capitalista, el que conocimos o el que nos llega por referencia, que son muchos, que son muchos, muy variables y vienen de todos los lugares. Pero hay otras maneras de hacer economía, estamos tratando de acopiar lo que nos interesa de uno y negar lo que no nos interesa de otro, pero hay otras maneras auténticas de hacer economía que han surgido dentro del sistema político capitalista en contra de las prácticas explotadoras e inhumanas.

Hoy estábamos hablando de las cooperativas, si yo les digo voy a hacer una pizzería, la primera pregunta es a cuánto vendo la pizza, ¿alguien sabe el mecanismo de cómo ponerle el precio? El precio de referencia: yo sé que no me puedo pasar de diez pesos porque ese es el precio de La Salsa, y no puedo bajar de cinco porque así la tienen todos. ¿A cómo vendo mi pizza? No sabemos poner precio. ¿Y por qué no sabemos poner precio?

Porque fuimos trabajadores del Estado, porque nuestros padres lo fueron, nuestros abuelos también lo fueron y de allí viene otra cuestión cultural también: no hacemos negocios porque nuestros padres no lo hicieron, nuestros abuelos no lo hicieron, no está cerca de nosotros. Al que trabaja con el estado le hacen una ficha de finanzas y precios y le dicen en todas las partes de este país el pan es a tres pesos, la pizza es a diez pesos para la gastronomía nacional. Usted se come una pizza en Santiago, en Camagüey o en la Habana y la pizza tiene que costar diez pesos por el Estado porque es una ficha de costo nacional, aunque no cueste lo mismo el queso en Camagüey, en Santiago o en la Habana.

Entonces el mecanismo capitalista es el precio de referencia, oferta-demanda, la famosa ley de oferta y demanda un poco apaleada entre nosotros, por cierto. Vuelvo a la pregunta inicial: ¿cómo pongo el precio? Por ficha de costo del estado no lo puedo poner, lo pongo por el precio de referencia del mercado, y el precio de costo. No es un mecanismo nuevo, sencillo, caballero, cuáles son mis costos, cuánto me cuesta por cada pizza la harina, el queso, el funcionamiento del horno, los platicos, el salario que tengo que pagar y sobre todo eso vamos a poner un margen de ganancia, cuánto aspiramos ganar, dignamente.

Entonces podemos tener un precio de la pizza que a lo mejor es de ocho pesos, a lo mejor tres pesos porque la pizza va a ser más chiquita, para unos niños de secundaria que no quieren comerse la merienda escolar. ¿Por qué frente a una secundaria no se venden pizzas de a tres pesos? Porque no se pueden vender así, bueno, pues a cinco a lo mejor sí te da negocio. El problema es que nadie calcula.

Dentro de este tercer sector de la economía se han implementado muchas inventivas. Las cooperativas son tan antiguas como la empresa capitalista porque surgieron en contra del individualismo materialista que proponía Adam Smith en La riqueza de las naciones—estamos hablando del mil ochocientos y tanto. La primera cooperativa de éxito, la que marca la era moderna del cooperativismo mundial, se llamó“Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale”, surgió en Inglaterra, en Manchester, a unos cuantos kilómetros de Londres, y era una cooperativa, no de producción ni agropecuaria, pues era una cooperativa de consumo.

Los vecinos se pusieron de acuerdo para pertrecharse de alimentos de una forma más barata y dijeron vamos a comprar al por mayor, alquilamos un almacén, traemos los productos y por supuesto, nos van a salir más baratos. Esta cooperativa todavía existe como cooperativa de consumo. Hay muchísimas formas de organizarse.

Es curioso que casi todas las formas nuevas de hacer economía han surgido en países donde el capitalismo ha alcanzado una crudeza apreciable. La Economía de Bien Común surgió en Suiza, y propone que las empresas no solamente tengan balances económicos al final de un periodo, sino también balances sociales. Lo que invierte en hacer buenas relaciones en el ambiente del trabajo con sus proveedores, con sus clientes, con la comunidad, que eso vaya a un balance social y sea tenido cuenta. Aquí hay cooperativas que están haciendo balance social, sobre todo en Pinar del Rio. Están las famosas finanzas solidarias o éticas. Eso surgió por un hombre llamado Muhammad Yunus, creador del Banco Grameen —llamado el Banco de los Pobres—, en Bangladesh. A este hombre no le dieron el Premio Nobel de Economía, le dieron el Premio Nobel de la Paz.

 

El microcrédito no es prestar poco dinero. Por supuesto el pobre que llega a un banco tradicional no es objeto de crédito, porque dentro de los mecanismos convencionales no se concibe que pueda pagar el dinero que se le presta. A esta persona le ponen al lado un asesor y lo primero que hace es sentarse con él y hacer un plan del negocio. Hoy para hacer una cooperativa no agropecuaria hay que presentar lo más parecido posible a un plan de negocio. ¿Por qué para ser cuentapropista no hay que presentar la idea, el plan del negocio? No solamente que yo quiero freír tuzas, sino cuál es el fin, cuál el objetivo, que es lo que se quiere hacer, cuántas personas se van a emplear. Hace falta saber eso, sin embargo, lo único que se pregunta de un año para acá es cómo se llama tu negocio.

Los modelos de finanzas solidarias existen en países amigos, el Banco Sol está en Bolivia, hay modelos de finanzas solidarias en Venezuela y en todos los países latinoamericanos. Esta modalidad de servicio bancario brinda una formación y una asesoría permanente a las personas que se aventuran a hacer negocios, lo cual potencia las posibilidades de éxito y también asegura el retorno del capital hacia el banco. Con el objetivo de que ese dinero, que es un capital semilla también en lo social, no solo en lo económico, siga creando negocios, pues de esa forma se crea empleo, se crea riqueza. No está agrandando un pastel, está creando nuevos pasteles.

La economía de comunión —el modelo realmente que como negocio compartimos— intenta tener como fin el desarrollo integral de las personas, no solo de las que trabajan allí, sino también de los clientes y todos los demás. Aquí el dinero no es el fin del negocio, sino la vía de poder crecer, desarrollarse. Tenemos la economía del trabajo, la economía solidaria que surgió en Brasil como alternativa a un proceso de cooperativización impuesto por un gobierno corrupto y que ha tenido mucho éxito en las comunidades rurales. La economía popular —en Telesur, por cierto, se habla mucho de la economía popular del Ecuador porque está en la propia Constitución de ese país—. Hay muchísimas prácticas. Todos no podemos hacer negocio, ni podemos tener un negocio propio, pero todos somos consumidores, participamos de alguna manera.

Está el consumo responsable, uno puede elegir y cuando usted elige un producto o un servicio —en nuestro contexto es difícil elegir porque no hay muchas opciones—, usted premia una empresa, usted premia un grupo de personas, usted premia un proyecto, entonces también de alguna manera podemos socialmente inclinar la balanza a favor de los negocios que pensamos pueden llevar a Cuba a un plano de desarrollo social, pero también económico.

Malcom Calvo Llorela: Hay una cuestión que está manejándose cada vez con más fuerza y es el criterio de sostenibilidad. A mí me llamó poderosamente la atención que ya en el ámbito del Ministerio de Cultura se está hablando de sostenibilidad económica de los proyectos culturales, pero ahí volvemos al punto de partida: cómo se puede pensar en un proyecto sostenible sin una concepción económica. Y cuando digo esto no hablo de dinero contra persona, estoy hablando de hacer sostenible desde el punto de vista económico lo que se pretende hacer en beneficio de las personas.

Hay ejemplos en Cuba muy interesantes, en los que llama la atención que marchan a la par la idea de cómo hacer el bien y la de cómo hacer sostenible esa práctica. Un ejemplo que me viene a la mente es el proyecto Vitroarte, una actividad por cuenta propia cuyas utilidades, o un porcentaje de las mismas, se destinan a un proyecto sociocultural que tienen en el barrio. Y ese proyecto no depende de los fondos de ninguna institución, o sea, se hace sostenible en el tiempo. Quizás los domingos en la tarde hemos visto un programa que se llama “Arte corte”, un elemento para visualizar un gran proyecto que existe en La Habana con igual nombre y que comenzó con un peluquero que hizo un museo, y eso se ha convertido en una dinámica cultural que ha arrastrado a las personas del barrio, generando una actividad económica que hace sostenible todo el beneficio social que hoy se respira en el barrio.

No se trata de personas como receptores de ayuda, que es un elemento interesante en las lógicas de economía solidaria y de comunión, o sea, no es la idea de dar al necesitado simplemente, sino crear condiciones para que la persona se dignifique por sus propios medios. Este proyecto ha cambiado la fisonomía de La Loma del Ángel, un barrio que se distinguía por actividades ilegales, hoy se ha ido transformando porque las personas encuentran maneras de vida en el propio funcionamiento de los negocios que hay en el barrio, también han contado con el apoyo de la Oficina del Historiador, o sea, esa integración entre instituciones públicas y actividad privada aquí ha dado sus frutos.

El callejón de los barberos era un pedazo de calle que ya se ha convertido en varios restaurantes, ¿quién lava los manteles de esos restaurantes?, pues una señora que ahora tiene un modo seguro de obtener sus ingresos. Para el alumbrado de este barrio cada vecino donó su bombillo y son ellos lo que se encargan de regular su uso. Ya las personas se van integrando y el vecino más viejo está haciendo las memorias del barrio y por eso aparecen tarjas que anuncian el lugar donde nació el mejor zapatero, porque son elementos que van ganando en cuanto a identidad. En ese barrio hay un hogar de ancianos, la tela que no se utiliza en un negocio de confecciones textiles va a este hogar donde se hacen artesanías que después se venden a los turistas que llegan a la Habana.

También podemos hablar de Cienfuegos, allí hay un proyecto que se llama “Trazos libres” que comenzó siendo un proyecto de intervención artística en la comunidad y por la necesidad de sostenerse tuvo que replantear la manera de hacer posible eso, entonces se ha convertido en un participar de la comunidad en el recibimiento de los cruceros con expresiones artísticas y se hace danza, performance, teatro, intervenciones plásticas, la artesanía tiene espacio, la música y eso ha ido cambiando un barrio marcado por lo marginal. Hay distintas y muchas maneras de entender lo que está pasando en el ámbito económico, son temas de los que hay que hablar porque Ernesto lo comentaba: no queremos una actividad económica que vaya a retomar prácticas del capitalismo brutal que ya sabemos lo que da, lo que queremos es una actividad económica que genere una prosperidad que no tenga que ver únicamente con el dinero, sino con el crecimiento de la persona en lo material, pero también en lo espiritual.

Les podemos poner un ejemplo, hoy se va haciendo tradición en fechas como el 4 de abril que los trabajadores por cuenta propia se reúnan y de su dinero hagan donativos para contribuir con la reparación de salas de nefrología. Por otra parte hay muchos trabajadores por cuenta propia que tiene vocación solidaria, pero que no siempre encuentran espacio donde canalizarla. No solamente podemos pensar que las personas que han comenzado negocio por cuenta propia están pensando en el dinero, detrás de esas personas que trabajan hay buenas personas, personas que están dispuestas a contribuir, de eso creo que hay que hablar y a eso hay que darle su espacio.

María Antonia Borroto: Muchísimas gracias. Creo que el espíritu y el aliento ha estado en función de lo que pedía la profesora Ivelise Jiménez: sembrar un poquito de esperanza. Me quedé pensando en lo que decía Yoan sobre la manera en la que los intelectuales podrían insertarse en estos mecanismos. Me parece que ese día llegará cuando la ONAT solicite un plan de negocio para los futuros cuentapropistas, eso generaría una especie de asesoría para futuros negociantes. Por supuesto es una broma para ilustrar ese prejuicio que a veces sentimos ante lo no estatal, pero hay variantes y uno mismo ha sido partícipe de ellas.

Yo misma debí trabajar dos o tres años como free lance no por una decisión personal, sino por reestructuraciones en mi centro de trabajo, una modalidad que ya va siendo común entre muchas personas vinculadas con el sector intelectual y el artístico. Tengo entendido que estas últimas ya cuentan con un aparato legal que les permite ser contratados por cuentapropistas, lo que se estaba haciendo pero un poco a la sombra. Si alguien del público quiere hacer una intervención lo escuchamos.

Antonio Batista: Mi pregunta es sencilla: ¿Cuál es la diferencia entre un negocio privado y un negocio estatal?

Malcom Calvo Llorela: La diferencia se percibe al final. Una entidad de propiedad pública, como le llamamos nosotros a lo estatal, da un mal servicio y se han mal utilizado los recursos y se ha desperdiciado el dinero; si lo hace un privado es el mismo resultado. La diferencia es al final del proceso porque tiene que ver con quién se queda con el resultado económico. Por tanto, en mi opinión la diferencia hay que buscarla en cómo se hacen las cosas, que no haga mal servicio ni el estatal ni el privado.

Antonio Batista: Entonces, ¿es de gran valor que un negocio privado cuente con la experiencia del negocio estatal?

Malcom Calvo Llorela: La cuestión está en cómo se gestiona la actividad económica. Si las cosas funcionan mal en nuestra actividad económica no es porque sea estatal o privada, es porque está muy mal gestionada. Te voy a poner un ejemplo, si tú vas a Café Ciudad y está roto el baño, no es facultad del administrador resolverlo porque no tiene otra manera de hacerlo que no sea desviando recursos; en cambio, el privado cuando se rompe el baño busca el dinero y lo resuelve, no es una cuestión de propiedad, es una cuestión de cómo se administra el negocio. Ya hay negocios por cuenta propia que están dando soluciones y están dando beneficios aunque los precios sean mucho más altos por cuestiones de costo.

Hoy el costo de la croqueta del estatal no es mismo del privado que vende la misma croqueta: es mucho más caro por las cuestiones de los precios mayoristas, minoristas y toda esa serie de cosas. Pero yo individuo estoy dispuesto a pagar más porque siento que recibo más porque detrás de eso hay personas, y aquí tenemos ejemplos, con un sentido del servicio, con una cuestión del detalle, y da beneficios, y tú dices yo no puedo ir todos los días a comer allí, pero el día que voy me siento bien, la comida está bien elaborada, hay buen servicio, o sea, se reúnen una serie de requisitos allí que en otro lugar con mucho menor precio no aparecen.

La cuestión está en que se creen posibilidades de formación, de preparación; les pongo un ejemplo, en el tiempo que llevo trabajando en el sector por cuenta propia he tenido que revisar mucha información y les digo una cosa, cualquier país que incorpora como parte de su política económica la aparición de los trabajadores por cuenta propia o los emprendedores, el nombre que se les ponga, crea condiciones de formación, así lo hacen Brasil, Canadá, España, Estados Unidos. Todas estas naciones tienen lugares donde las personas se forman, después hacen un proyecto de negocio y solo entonces es que los autorizan a comenzar, porque uno de los propósitos de los estados cuando toman estas líneas es que se generen empleos y ellos saben que si se comienza un negocio que no está bien pensado los que se involucren en él van a ser personas que hoy van a tener un trabajo y mañana van a estar en la calle nuevamente. Entonces no quieren apostar a eso, quieren crear seguridad, crear cierto rango.

Ernesto A. Figueredo: Decía Carlos Marx que el tipo de propiedad condiciona las relaciones de producción. Obviamente no es lo mismo cuando el negocio es de nosotros cuatro, o es mío nada más, o es del Estado. En cualquier lugar hay empresas públicas, pero eso es un recurso que el estado está poniendo para generar empleo y para satisfacer problemas y necesidades, pero quién toma la decisión en última instancia, alguien que está por arriba —por arriba quiere decir alejado jerárquicamente del lugar donde suceden los hechos—, si el negocio es de nosotros cuatro, hay decisiones que tenemos que tomar los cuatro, pero se supone que él tiene una función, ella otra y así, cada uno dentro de sus funciones tiene decisiones que tomar y allí viene el problema del otro tipo de administración, que no se sabe hasta dónde llegan las funciones o mi ámbito de decisión es tan estrecho que me deja sin manos ni pies y a veces sin cabeza.

Por eso decía al principio, hay muchos que son administradores de recursos, ni siquiera son líderes de personas, por tanto no pueden tomar una decisión, pero sí es verdad que el tipo de propiedad condiciona, condiciona sobre todo la flexibilidad y la capacidad de adaptación que tiene una organización y sobre todo el reparto último de las utilidades que eso es lo de menos, no debería ser tan sustancial porque en definitiva todo el mundo cuenta, los impuestos son para todo el mundo, sea el tipo de propiedad que sea.

Tomado de: http://www.pprincipe.cult.cu/laliga/dia.html

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