19 February 2019
Publicado en Città Nuova el 20/11/2018
 
Felix Finkbeiner es un joven alemán de 21 años considerado como un Change Maker, es decir como una persona que hace algo para cambiar las reglas mediante buenas prácticas dirigidas a favorecer modelos económicos alternativos orientados al desarrollo humano integral y a la sostenibilidad. Ya ha plantado más de 15.000 millones de árboles en todo el mundo. Hablamos con él en Castel Gandolfo, con ocasión del evento Prophetic Economy que ha reunido a más de 500 personas que tienen en común el deseo de cambiar el mundo mediante una economía encaminada al bien común.
 
Félix ¿cómo desarrollas esta iniciativa y qué impacto tiene sobre el clima?
 
Con la ayuda de muchas empresas, agencias gubernamentales y organizaciones de todo el mundo, que nos han ayudado durante los últimos 10 años, hemos conseguido plantar unos 15.000 millones de árboles en todo el mundo. Cada árbol que plantamos absorbe carbono, extrae CO2 de la atmósfera. Nuestro objetivo es convencer al mundo para plantar un billón de árboles. Eso significa unos 150 árboles por cada habitante del mundo. Este es el número máximo de árboles que podríamos plantar. Si consiguiéramos plantar este billón de árboles, capturaríamos la cuarta parte de las emisiones de carbono producidas por el hombre.
 
¿Cuánto tiempo llevas plantando árboles y como nació esta afición?
 
Empecé a plantar árboles hace 11 años (cuando tenía 9), cuando me pidieron en el colegio que hiciera una pequeña presentación acerca de la crisis climática. Preparando la presentación descubrí a Wangari Maathai, una mujer keniata que había plantado 30 millones de árboles en 30 años junto con otras muchas mujeres. Entonces nosotros, niños, alumnos de cuarto curso de primaria, pensamos que también podríamos empezar a plantar un millón de árboles en cada país del mundo. Poco después plantamos nuestro primer árbol. Otros colegios se unieron a nosotros. Un alumno un poco mayor nos creó una página web muy sencilla, que era básicamente una clasificación entre los colegios locales en función de quién plantaba más árboles. De este modo Plant for the planet se extendió rápidamente. Inicialmente en Alemania. Después de un año habíamos plantado 50.000 árboles. Y después de tres años un millón de árboles. Poco después Plant for the planet se extendió a otros países. Y ahora tenemos unos 70.000 miembros. Niños y jóvenes de 70 países que plantan árboles en sus países y convencen a otros para que les ayuden. Pero evidentemente no podemos alcanzar estos objetivos nosotros solos, niños y jóvenes que plantan árboles. Necesitamos que las empresas y las organizaciones gubernamentales, que son poderosas, nos ayuden a plantar un billón de árboles.
 
Con esta iniciativa, ¿cómo se puede transformar la economía en economía profética?
 
Bien, nuestra visión de plantar millones de árboles podría remodelar profundamente toda nuestra civilización global. Si aumentamos la cobertura forestal global del 30% al 40%, esto no solo nos ayudaría a hacer frente a nuestro mayor desafío, que es la crisis climática, sino que además tendría muchas otras ventajas. Nos ayudaría a prevenir el crecimiento de los desiertos. Significaría más agua donde hay muy poca. Significaría más agricultura productiva. Significaría muchos beneficios, sobre todo recursos en los lugares más pobres de la tierra. De este modo reformaría profundamente nuestra economía global.
 
¿Qué pensaste cuando salió la encíclica del papa Laudato Sì?
 
La Laudato sii fue absolutamente fantástica porque nos aclaró a todos cuáles son los principales desafíos que tenemos que afrontar, y nos dijo que solo podríamos hacerles frente si trabajamos unidos globalmente, como una sociedad global, porque estos desafíos no puede resolverlos cada país individualmente, sino que solo pueden resolverse mediante la colaboración global. Creo que lo más bonito de esto es que si nos tomamos en serio estas soluciones y las ponemos en marcha, aprenderemos que podemos hacer frente a los desafíos globales a escala global, algo que nunca hemos hecho en la historia humana.
 
¿Qué te interesaba cuando comenzaste a plantar árboles?
 
Cuando pusimos en marcha Plant for the planet, yo quería salvar al oso polar. El oso polar era mi animal favorito y quería hacer algo para salvarlo. Por eso empezamos a plantar árboles. Pero inmediatamente después comprendimos que en la crisis climática y en estos desafíos globales no se trata solo de salvar al oso polar, sino de salvar nuestro futuro, de salvarnos a nosotros mismos. Experimentaremos las consecuencias de la crisis climática a lo largo de nuestra vida. Por eso seguimos en activo, por nosotros mismos. Nos interesa porque tiene que ver con nuestro futuro.
 
¿Cómo podemos sensibilizar a los jóvenes con esta iniciativa tuya?
 
Una de las cosas principales que hacemos con Plant for the planet es intentar convencer a los demás para que hablen de estos temas y se unan a nosotros para afrontarlos. Para ello estamos construyendo una red global de jóvenes y niños. Ahora somos 70.000 miembros. No solo plantamos árboles, sino que hacemos presentaciones en los colegios y en los círculos, en las comunidades eclesiales, para convencerles, para hablarles de estos desafíos globales y convencerles de que debemos hacer algo, porque los jóvenes son unos mensajeros maravillosos para un desafío global que va a impactar precisamente sobre nosotros, los jóvenes”.

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