10 May 2018
Lic. Dahey Silva Pascual
En lo personal creo que el éxito no se encuentra en las grandes soluciones que puedan tenerse como una constante frente a los múltiples desafíos del presente, sino en la capacidad para promover la innovación y generar alternativas que ayuden a reconfigurar continuamente el mapa de lo posible. En este sentido es que quisiera compartir la experiencia de un grupo de jóvenes que cursan algunas disciplinas humanísticas en el Instituto de Estudios Eclesiásticos Padre Félix Varela (IEEPFV). Precisamente donde estuviera el egregio Seminario San Carlos y San Ambrosio se desarrolló esta propuesta innovadora que busca contribuir, con sencillez y sin alardes, al futuro de la nación. La iniciativa a la que me refiero es el Mercado Social. 
Lo más notable de esta propuesta, además de la novedosa experiencia para los que tuvimos la oportunidad de participar activamente, se halla en las tremendas posibilidades que ofrece al nuevo sector no estatal de la economía cubana, pues representa una alternativa de mercado que no se agota en la noción de competencia ni, por ende, puede ser simplemente simplificada en la consabida superación de unos a otros. 
Surgida sobre la base de los principios teóricos de la Economía Social y Solidaria, desarrollados a lo largo de un semestre por el profesor Ernesto Figueredo, se comenzó a organizar, con el entusiasmo de poder vivir entre nosotros estos valores solidarios, lo que pudiera ser una nueva puerta para las oportunidades económicas del T.C.P (Trabajo por Cuenta Propia) en nuestro país. Nuestra intención entonces fue la de ofrecer una respuesta práctica a la gran pregunta: ¿cómo se hace un Mercado Social en Cuba?, y para ello, lo primero que hicimos fue crear los estatutos que nos marcaran los pasos a seguir en la realización efectiva de algo prácticamente desconocido por nosotros hasta ese momento. La ocasión perfecta se proponía sola: el viernes anterior al Día de las Madres.
Así, con la mayor claridad, definimos nuestros principios, en los que se concebía el mercado social como una red de oferta de bienes y servicios, consumo y aprendizaje común, que funcionaría con criterios éticos, democráticos, equitativos, ecológicos y solidarios, adaptados a la realidad y a las condiciones del Centro Cultural  en el que se llevaría a cabo. Al mismo tiempo advertimos que nuestro proyecto funcionaría sobre la base del reconocimiento de los intercambios económicos como expresión de nuestra interdependencia y por ello decidimos que el fin último de nuestro Mercado Social no sería el lucro individual, sino el bienestar colectivo y el establecimiento de relaciones de confianza, cercanía y reciprocidad. Con estas consideraciones pudimos organizar un mercado alternativo que supo operar satisfactoriamente bajo criterios y relaciones económicas justas, cooperativas y no discriminatorias. 
Nuestros puntos eran sumamente ambiciosos porque nos permitíamos cuestionar las ya enraizadas formas de gestión económicas desde los presupuestos de la Economía Social y Solidaria. En esta perspectiva creamos una moneda social a la cual llamamos “Lauro”, de la que imprimimos y registramos 7000 billetes por el valor de: 1, 5 ,10 y 20, equivalente al CUP, luego establecimos un sistema de cambio y realizamos contratos con cada uno de los participantes en los que establecimos como impuesto por la participación en el mercado el 10% de la venta total.  
Si tuviera que definir nuestra experiencia no dudaría en calificarla de exitosa, solo en una mañana gracias al trabajo de difusión realizado entre carteles, volantes y el “boca a boca” logramos una asistencia entre invitados, paseantes que aprovechaban la oportunidad para un buen regalo a una madre, turistas curiosos provenientes de un crucero recién arribado en el puerto habanero y estudiantes del Instituto, un total de casi 400 personas que se beneficiaron de los más variados productos: desde collares artesanales, marcadores de origamis para libros, sobres ilustrados al estilo de Amelia Peláez, carteras y bolsos de dos emprendedoras cubanas (“Bolsos Sybil”), sandalias hechas de malanguetas, quemadores de aceites aromáticos, libros, programas informáticos, tapas vegetarianas, ente otros tantos que llenaron el lugar de atractivas ofertas que garantizaron el éxito de nuestro proyecto.
Entre ventas, trueques de productos y servicios, la novedad de una nueva moneda, rifas, sorteos, subastas y la habilitación de un spam para explicar el valor que tendría para Cuba la implementación de espacios con nuevos estilos de gestión económica, como nuestro mercado; logramos cumplir nuestros objetivos. No es menor el hecho de haber suscitado un clima de colaboración y reciprocidad entre los participantes y haber apoyado el desarrollo de una iniciativa en que se afirma el consumo justo y responsable.
 
 

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.