13 June 2019
Por Ernesto Figueredo
Como parte del desarrollo y fortalecimiento de las iniciativas económicas que desean tener un impacto social, solidario y ambiental positivo en Cuba, la Red de Economía de Comunión (EdC) de Cuba, ha desarrollado el Taller Convivencia en dos sedes: La Habana y Camagüey. El objetivo cumplido ha sido vivir la experiencia de la comunión en la actividad económica a partir del intercambio sobre cómo hacemos realidad los valores del diálogo, la confianza y la reciprocidad en la administración cotidiana de nuestros negocios.
 
LA INSPIRACIÓN PRIMERA DE CHIARA LUBICH, BRASIL 1991:
“Aquí tendrían que surgir industrias, empresas cuyas utilidades se pusieran libremente en común con la misma finalidad de la comunidad cristiana: antes que nada, para ayudar a los que padecen necesidades, ofrecerles trabajo, en fin, hacer de tal modo que no haya ninguno en la indigencia”. 
“Luego, las ganancias servirán también para desarrollar la empresa y las estructuras de la ciudadela, para que pueda formar hombres nuevos: ¡sin hombres nuevos no se hace una sociedad nueva!”
 
Iniciativas económicas vinculadas a la gastronomía, agropecuarias, musicales y artísticas, elaboraciones de artesanías, manualidades y bisuterías, consultoría y formación de emprendedores, servicios de belleza, vinculados al turismo como alojamiento y organización de viajes, grabados en mármol y otros materiales, servicios contables y orientación económica, papelería… de diversas provincias cubanas como Santiago de Cuba, Camagüey, Cienfuegos, La Habana y Artemisa; han vivido, aprendido y compartido conocimientos, habilidades y motivaciones en su búsqueda de ser “buenos negocios” (eficientes económicamente, rentables) pero también “negocios buenos” (que aporten al bien común). La EdC ofrece un enfoque práctico y posible de realizar porque no descubre en sí nada nuevo, intenta sistematizar u organizar en una lógica ordenada y coherente, el actuar cotidiano de quienes trabajan desde los valores humanos. No valores importados o copiados de nadie, sino esos mismos que caracterizan la idiosincrasia cubana: la cercanía al otro, la solidaridad, la familiaridad, la alegría, la capacidad de sobrevivir y adaptarnos, el enfrentar los problemas con una sonrisa y una broma, la afabilidad, la pasión, los deseos de conseguir una vida más digna para la familia, los amigos y toda la nación.
Además del compartir las dificultades, los sentimientos y las vías de solución en común, hicimos una construcción colectiva de los conceptos claves: qué es un negocio de EdC y cuáles son los rasgos de sus líderes hoy en Cuba. Los resultados fueron absolutamente interesantes: el compromiso con los que menos tienen o pueden, está en total equilibrio con el deseo de la rentabilidad empresarial, la contribución a la felicidad de trabajadores, clientes, proveedores, vecinos, competencia… todas las personas con los que la empresa tiene relación. La necesidad, ya no sólo de respetar, sino de mejorar el entorno en que vivimos es también parte indisoluble de un negocio de EdC. Por tanto, se necesitan líderes: comprometidos con la sostenibilidad del negocio y también con visión y conocimientos técnicos y administrativos, con una sensibilidad hacia la ética, la solidaridad y justicia. Sin dudas, la confianza en los demás y en el propósito de su organización provoca un optimismo que puede resultar “sospechoso”. 
Quizá alguien suponga que es un poco raro que nadie dijo: tener mucho dinero o un acceso fácil al mismo, ser el que más sabe de algo en específico, ambición desmedida por obtener ganancias o cumplir un plan y hacerlo a cualquier costo, o que nuestra Cuba bella no esté bloqueada por un poderoso gobierno extranjero, tampoco que exista mayor libertad y apoyo estatal. 
No es que somos demasiado ingenuos o que no tenemos los mismos problemas que el resto de los negocios cubanos: incertidumbre legal, escaso acceso a materias primas, equipos, útiles, herramientas, financiamiento formal, deformada cultura del trabajo, entre otros. Pero nos damos cuenta que si nos aferramos a nuestras fortalezas y valores, a lo positivo, tenemos muchas posibilidades de ver y aprovechar las oportunidades; incluso convertirlas en capacidades.
 

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